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lunes, 6 de mayo de 2013

Chucho valdés & the afro-cuban messengers: Border-free



Mañana, día 07 de mayo, saldrá a la venta el nuevo disco de Chucho Valdés & the afro-cuban messengers, “Border-free”, que será presentado esta noche en París en un evento que promete sorpresas de las que no podemos hablar pero que aseguramos harán que merezca la pena el precio de la entrada.

Este nuevo trabajo supone un gran paso hacia adelante desde su anterior "Chucho’s steps" (valga el juego de palabras) en su andadura con los afro-cuban messengers. El disco, como puede suponerse por aquéllos que sepan en que terrenos nos movemos, es mucho más que jazz. Compositivamente hablando, es tan rico y tan variado, que hablar de fusión es decir poco.

Desde la primera escucha, lo que tenemos muy claro es que sigue siendo un disco de Chucho Valdés. El protagonismo de su instrumento a lo largo de todo el cd es patente. Sus intervenciones e improvisaciones dominan la mayor parte de la obra. Desde el primer corte, Congadanza”, en que el tema desaparece en sus manos explorando su inagotable mundo improvisatorio, apareciendo fugazmente para volver a esconderse, dejando paso al talento creador del pianista y, sólo al final, se reconduce por la senda grupal dejando que toda la banda dé cuerpo al tema para terminar en alto.

Pero, ojo, el concepto del disco va mucho más allá del instrumento del líder de esta banda, porque lo que más sorprende es el mestizaje de los temas, impregnados de continuas influencias y ecos de muchas músicas. El jazz o el latin jazz se quedan pequeños en esta entrega de derroche compositivo que nos ha dejado con la boca abierta. El engranaje de todas las piezas, de todas las influencias, está fuera de toda categoría.

Dentro de esta variedad encontramos temas más convencionales y melódicos como  Caridad Amaro”, cuya melodía nos hace creer que estamos escuchando un standard de los que se han versionado desde hace años, donde Chucho, acompañado esta vez por un maravilloso sonido de contrabajo, se recrea en su composición (este tema era interpretado por el propio Chucho Valdés en la película Calle 54 y además hemos podido disfrutarlo en directo en algunas ocasiones); o Pilar”, con una primera parte en la que el piano, acompañado por ese maravilloso sonido que produce el arco sobre las cuerda del contrabajo, nos ofrece el momento más lírico y romántico del disco.

Estos contrastan con otros temas mucho más movidos y misceláneos: Tabú” es una canción de esas que impregnan de personalidad a este disco. Los vientos empiezan templando el tema para luego revelarse comenzando con el solo de trompeta de Reinaldo Melián Alvarez que da paso a la intervención de Branford Marsalis con el saxo tenor, que ha quedado registrado en esta grabación con un sonido muy cálido; después, el piano empieza su alegato hasta diluirse y las percusiones se quedan solas, manteniendo la tensión del tema hasta que los vientos, trompeta y saxo, comienzan a recuperarse apareciendo aquí y allá, poco a poco incrementando su presencia, hasta que la banda vuelve a llenarlo todo con su sonido. Una ejecución magistral de esta versión de Chucho Valdés del único tema que no ha compuesto él mismo (es una composición de Margarita Lecuona).

Pero, sin duda el tema más llamativo, por su composición original y su ejecución, es Afro-comanche”. Aquí nos sorprende Chucho con ecos indio-comanches fusionándose con el ritmo jazzístico y latino. La creación del músico cubano es impresionante.

El origen de este tema fue, según explicó el propio Chucho Valdés, rendir homenaje a un episodio casi desconocido de la historia de Cuba. A finales del siglo XIX, 700 indios comanches fueron deportados de Estados Unidos a Cuba. Al instalarse allí se mezclaron con los afrocubanos y tuvieron descendencia. Estos descendientes fueron llamados afrocomanches.

Seguro que, en directo, este tema es de los que más vamos a disfrutar. Cuando se oye por primera vez sorprende a cada instante guiándonos con los ojos vendados por el serpenteante mundo creativo de Chucho Valdés. Cuando, hacia la mitad del tema, toman protagonismo los coros caribeños acompañados de percusión, esos cánticos nos trasladan hacia otras tierras con esa pizquita de magia que salpica los bailes autóctonos de la zona. Y al acabar el tema estamos convencidos de que no hemos escuchado nada igual en mucho tiempo. Todo ello sin abandonar la pulsación tremendamente rítmica que el pianista cubano impone a sus composiciones.

Mención aparte merece también el tema Bebo”, dedicado a su padre, Bebo Valdés (fallecido recientemente en Suecia, a los 94 años) que, aunque desafortunadamente parece incluido como homenaje póstumo al que fue padre, maestro y mucho más de Chucho, ha sido, sin embargo, compuesto en vida todavía del genial pianista, que residió casi hasta sus últimos momentos en España.

Y el disco acaba con otro tema bastante curioso, Abdel”, con presencia de sonidos árabes donde sorprende encontrar, esta vez al soprano, a Branford Marsalis en quizá la mejor de sus  intervenciones en este disco.

Estos temas junto con Santa Cruz”, éste último también bastante original, con dejes de las tierras del sur de España, completan la lista de canciones, todos temas largos de los que nos gustan a los aficionados, de un trabajo imprescindible para los amantes de estas músicas que no disgustará a los aficionados al jazz en general. Absténganse de la escucha puristas y etiquetadores, sólo déjense llevar por la música y disfruten.
 
CHUCHO VALDÉS & THE AFRO-CUBAN MESSENGERS
 
"Border-free"
 
Año: 2013
 
Temas:
 
1. Congadanza
2. Caridad Amaro
3. Tabú
4. Bebo
5. Afro-comanche
6. Pilar
7. Santa Cruz
8. Abdel
 
Formación:
 
Chucho Valdés: piano
Reinaldo Melián Alvárez: trumpet
Dreiser Durruthy Bombalé: batás, lead vocals
Rodney Barreto Illarza: drums, vocals
Angel Gastón Joya Perellada: double bass, vocals
Yaroldy Abreu Robles: percussion, vocals
and
Branford Marsalis: tenor sax on "Tabú" & "Bebo"; soprano sax on "Abdel"

 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Chucho Valdés y Buika


Esta noche el Teatro Cervantes de Málaga se vistió de gala para un cumpleaños muy especial, los 20 años de CUDECA. Y no podían haber encontrado una mejor manera de celebrarlo que con un concierto. En esta ocasión Chucho Valdés, que mañana será nombrado hijo adoptivo de Málaga, y la cantante Buika hicieron los honores y sorprendieron a todos los presentes con una velada excepcional.

En la primera parte del concierto Chucho, a piano solo, repasó un buen puñado de temas de los más variados estilos, como suele ser costumbre en él. Bésame mucho, Blue Monk, Manisero, Caridad Amaro, etc, iban goteando de los dedos de Valdés a las teclas de su piano con esa combinación tan impresionante de virtuosismo y delicadeza que caracteriza al pianista cubano. La destreza del músico, por más conciertos que se vean de él, no deja de provocar perplejidad. Su paso de la sensibilidad más intensa al virtuosismo más exquisito es impresionante, pero es que, además, lo hace tan bien que parece fácil y, sin embargo, pocos pianistas podrán intentarlo con tanto éxito como Valdés.

Tras el descanso, y luego que Chucho se quedó a gusto de sacarle aún más partido al piano en solitario, hizo su aparición en escena la cantante Buika. Si el escenario ya estaba lleno de magia con la figura del pianista bajo los focos del Cervantes desplegando todo ese espectro de músicas, la presencia de la vocalista directamente rasgó las entrañas de todos removiéndonos el sentir más profundo. La presentación elegante, al estilo de las más clásicas, de las grandes, la belleza singular de su rostro, la simpatía de su gesto, la voz capaz de desenterrar el sentimiento más oculto, la espontaneidad sobre el escenario, son tantas las cualidades que adornan a esta artista que no sabría cuál destacar más.

El público recibía los temas casi en vilo; tras cada canción/interpretación/derroche de facultades los espectadores, sobrecogidos, rompían en aplausos enfervorizados, y realmente lo estaban. Tenían donde elegir. No se sabe si más motivados por los solos del pianista o el desgarro con el que la cantante planteaba cada canción como si estuviera contando su propia vida, su propia experiencia.

Sin duda el directo de estos dos músicos es algo espectacular. Hace poco grabaron un disco juntos llamado “El último trago” de factura exquisita, desde luego, pero que queda ensombrecido por el directo tan fantástico que son capaces de brindar a una audiencia. Créanme que merece la pena.

Y después de un largo y gran concierto, el cubano todavía tuvo tiempo para sentarse pacientemente en el hall del teatro y firmar a todos los que quisieron acercarse, regalando ese entusiasmo que nunca se borra de su rostro y ese don natural para transmitir su calor personal a cualquiera que se aproxime al genio caribeño. Que sigas muchos años más, Chucho!

sábado, 14 de julio de 2012

Chucho toca para Bebo

No podía ser otro el titular del concierto que anoche pudimos disfrutar en “Portón del Jazz”,  festival que organiza el municipio de Alhaurín de la Torre (Málaga). Sin duda uno de los mejores espectáculos que pueden verse por el territorio nacional en estos últimos años: un nuevo concierto de Chucho Valdés. Da igual el formato de la banda, Chucho siempre sorprende con el mágico paseo de sus dedos por el teclado, con la variedad de sus adaptaciones, la improvisación en conexión directa con el sentir del público y, sobre todo, un carisma y una simpatía al alcance de muy pocos. Si a todo esto unimos que anoche hubo un espectador de excepción en primera fila, su padre, el inigualable Bebo Valdés, pronto comprenderán que los que no estuvieron allí perdieron una oportunidad única de participar en el “trance” musical y emocional que la banda de Chucho creó en el recinto alhaurino.

 Ya antes de la entrada de los músicos la expectación por ver con que sorprendería el músico cubano/malagueño (recordemos que recientemente ha sido propuesto como hijo adoptivo de la provincia de Málaga por la diputación provincial) se palpaba en el ambiente. Las miradas entre los presentes decían “esta noche vamos a disfrutar” y ninguno podía prever que la primera sorpresa se produciría antes de lo previsto.

Minutos antes de las once de la noche, caminando con dificultad con el apoyo de dos personas, hacía su aparición en la primera fila del auditorio el gran Valdés, pero no el que todos estaban esperando sino el papá, el grandísimo y legendario Bebo Valdés. Los espectadores del lado izquierdo de la grada ya lo adelantaron con algunos gritos de exclamación y sorpresa “mirad, está Bebo…” y conforme su figura se iba adivinando al pie de escenario la ovación empezó a ser tan tremenda que ni siquiera pudo llegar a su asiento. Visiblemente emocionado por tan cálido acogimiento se deshizo en devolver tanto cariño con reverencias y muestras de agrado. Los aplausos continuaron mientras  su lento caminar lo llevó hasta el asiento que tenía asignado. El público ya estaba contagiado de una efervescencia colectiva, de un bonus track emocional que no estaba previsto. Había visos de una gran noche. Y la banda no se hizo esperar, los cinco músicos aparecían en el escenario inyectados de alegría por ese público que ya estaba rendido a la emoción y anhelante de buena música. En este caso la formación era un quinteto formado por Chucho Valdés al piano, Lázaro Rivero Alarcón al contrabajo y bajo eléctrico, Juan Carlos Rojas Castro a la batería, Yaroldy Abreu Robles y Dreiser Durruthy Bombalé a las percusiones.

Como saben, a Chucho no le hace falta mucha preparación para empezar a tocar en cuanto se sienta cerca del piano así que no se hizo esperar y arrancó el repertorio lleno de swing con un Tributo a Duke ellington  extendiendo su manto jazzístico sobre composiciones de los más diversos estilos, desde el célebre bolero “Bésame mucho“  hasta “Sheherezade” de Rimsky Korssakoff, pasando por “Malagueña”.

Al de Cuba le faltaron las pantuflas para sentirse como en una fiesta privada entre familia y amigos. Tan entrañable como siempre iba adentrándose en la noche con sus temas que parecían salpicados de capricho y se le notaba cada vez más a gusto. El público lo notaba y por ello cada uno de los espectadores se sentía especial por poder estar allí. Definitivamente la cercanía de este músico contrasta con la estantería que tiene en casa llena de premios Grammy. Pero, por si no lo saben todavía, Chucho es único. Aparte de una nueva exhibición del maestro Valdés -una más pero nunca dejamos de quedarnos con la boca abierta como si fuera la primera vez- es destacable el especial estado de gracia del batería Juan Carlos Rojas, aunque los cinco estuvieron muy bien porque se notaba que se lo estaban pasando genial en el escenario y, ya se sabe que cuando los músicos de jazz disfrutan tocando surgen momentos inolvidables.

El bajista alternaba el contrabajo con el bajo eléctrico según los temas haciendo gala de una exquisita técnica y los percusionistas volvían locos a la grada calentando más si cabe cada instante. No podemos dejar de mencionar los cantos caribeños de los que todos participaban que el público agradeció como guindas de pastel.

El momento más emotivo de la noche fue cuando Chucho anunció que el siguiente tema iba dedicado a su padre, Bebo Valdés; un tema compuesto en homenaje, según la explicación del propio Chucho, a la madre de Bebo, que es su abuela, Caridad Amaro. La locura colectiva no tardó en transformarse de nuevo en aplausos que Bebo hizo suyos con ese gran corazón que tiene dentro del pecho, visiblemente emocionado por la ovación de los malagueños.

En definitiva una gran noche de música a la que no le faltó nada, en un entorno estupendo, con una temperatura idónea para una velada de concierto. Esperemos que se repita lo más pronto posible.